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23 ago 2010

BLANCO EL BUENO Y BLANCO EL MALO.

Del maestro de la caricatura, Rafael Blanco, La Habana (1º. Diciembre de 1885), mucho se ha escrito, y mucho más queda por decir de quien en 1906 aún como estudiante de la Academia de Bellas Artes de “San Alejandro” publica su primera caricatura personal del gran ajedrecista Enmanuel Lasker, aquí reproducida, y a partir de entonces se convierte en colaborador habitual de la revista “El Fígaro”.

Es el comienzo de una cadena de éxitos en la pintura, la caricatura y el juego ciencia, reconocidos nacional e internacionalmente.

En aras de la brevedad, presentaremos mini-opiniones de quienes mejor lo conocieron, empezando por el propio Blanco, cuando a los 20 años de edad funda su propia y original revista (Hebdomadario-cómico-satírico-político-burlesco-internacional-neutral).

“Nuestras caricaturas, conforme con nuestras promesas de explicar todas y cada una de ellas, dada la existencia de tanto bruto como pulula por estas calles de Dios, y de tanto hijito de mamaíta, incapaz de comprender todo lo que no se le mastique o se le empuje muy recalcado, procederemos a explicarlas por su orden”. -Rafael Blanco 1915, en H.T.P.

Seis años antes ya se decía de él:

“Sus caricaturas son caricaturas de caricaturas. A veces le bastan tres líneas para reventar a cualquiera... Blanco no copia los rasgos físicos solamente, sino que a veces consigue estereotipar hasta el rasgo moral de sus víctimas”.-Félix Callejas, 1909 en “Miniaturas al lápiz”.

Otro destacado crítico de arte dijo:

“Blanco ha cuidado celosamente el ofrecernos el elemento principal tanto en la sátira como en la parodia: el alma del personaje o el espíritu de la escena; en una palabra, la sicología; presenta a sus personajes viviendo, pensando. Hay algo en cada uno de sus trabajos que habla de la idiosincrasia del tipo”.-Bernardo González Barros, 1911, en “El Fígaro”.

Otro comentario:

“Sea cual fuere el personaje o la escena que describe, aún aquellas más triviales e inofensivas y que por su escaso contenido argumental menos se prestan al comentario y a la sátira, palpita en ellas, a través de la visión de nuestro caricaturista, este espíritu de tragedia íntima y fecunda, peculiar en él, dándole al personaje y a la escena un vigoroso e inusitado dramatismo”.-Martí Casanovas, 1927, en “Revista de Avance”.

Con motivo de su deceso:

“Lo mejor, lo más grande y perdurable que pudo haber hecho, que fue como pintor sombrío de la escena criolla, nunca alcanzó su punto de madurez. Hubo en él un revolucionario a su modo. Surgió en un momento superficial de nuestra vida republicana en que todo el mundo se contentaba con el poco más o menos, y el humor se cultivaba sólo como choteo, es decir, sólo como burla de grado ínfimo”. –Jorge Mañach, 1955, en “El revolucionario Rafael Blanco”.

Y este otro panegírico por esos mismos días de agosto:

“Y los demás caricaturistas que en Cuba tuvieron o tienen tanto talento como él, no necesitaron de originalidades ajenas. Por eso Rafael Blanco fue único entre los únicos. Sólo en un mundo de muchos. Y que ahora descansa después de no haberse cansado mucho en este mundo, en la región de los iguales, como Víctor Hugo llama al mundo de la fama.” –Rafael Suárez Solís, 1955, en “Carteles”.

Otro caricaturista opina:

“El afilado criticismo de Blanco, dirigido contra lo peor, no juzga su época con risa divertida, tampoco toma actitudes intransigentes, de bombín y calzoncillos largos. Su actitud se dirigía a mostrar los hechos creando imágenes de simbología tan peculiar que hizo sonreír a los descreídos y preocupados”. –Juan David, 1969, en “Bohemia”.

Palabras de homenaje:

“De sus figuras más representativas, --algunos próceres, deleznables las más—nos deja Blanco sus caricaturas, las mejores realizadas en Cuba, sobrias, escuetas, con el máximo de intensidad en un mínimo de elementos y en que el toque del pincel recuerda la nerviosa maestría de los calígrafos pintores en China”. –Jorge Rigol, 1965, en “Catálogo de la exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes”.

Por último, un compromiso en su Centenario:

“A nosotros nos toca ahora el desafío y el privilegio de desentrañar todo lo que nos legó Rafael Blanco –ese gran testimoniante de su época, a quien pudiéramos aplicar la frase martiana de que tal artista merece amor porque tuvo pinceles “para los adoloridos y creadores”. –Adelaida de Juan, 1985, en “Revolución y Cultura”.

Hasta aquí los comentarios.

Pude conocerlo personalmente en 1954, cuando me presenté por primera vez de atrevido, en el XX Salón Nacional de Humorismo, coincidiendo con el debut de los colegas Nuez y Posada, ambos con muchas más horas de vuelo que menda. Aclaro que aunque firmábamos con los mismos apellidos y ambos de padres asturianos, yo no tenía ningún parentesco con el ya octogenario artista, como pensaban algunos por aquella época.

Yo firmaba Blanco igual que el maestro. Para burlarse, los veteranos del humorismo gráfico comenzaron a identificarnos como “Blanco el bueno y Blanco el malo”. ¡Podrán ustedes imaginarse cuál era el malo!

Temiendo que el choteo se generalizara; en una tertulia informal entre colegas, les rogué que cambiaran de actitud, y por eso allí mismo me bautizaron profesionalmente con el diminutivo Blanquito, que se me quedó para siempre.

En ese breve lapso el Maestro internacional de Ajedrez y de la Caricatura, no fue remiso en darme algunos consejos. Como aficionado autodidacta traté de seguir sus orientaciones y mejorar mi técnica. En el siguiente Salón de 1955 me presenté con mi primera caricatura personal, la de mi condiscípula en las aulas de periodismo Graciella Pogolotti.

Había madurado algo, pero seguía siendo un simple aprendiz con muchos arrestos, y --creo que todavía hoy--, a medio siglo de aquellos acontecimientos, sigo tratando de aprender cada día.

Si algo lamento es que en agosto de 1955, Blanco falleciera, precisamente un año antes de que Blanquito obtuviera su primer galardón en un Salón Nacional de Humorismo, cuyo diploma ofrezco a mis vecinos como testimonio de que no miento.

Sean estas sentidas líneas mi modesto tributo a Rafael Blanco Estera, en este caluroso agosto, a los 55 años de su deceso, y en el 125º Aniversario de su nacimiento el próximo mes de diciembre de 2010.

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